#08/50.Talking Heads - Remain in Light (1980)
Sea lo que sea esto
Bueno, bueno, para variar llego tarde. Llego tarde a publicar esta entrada que tendría que haber salido la semana pasada y, también, llegué muy tarde a esta obra que es, sin reservas, y sin ningún atisbo de duda, uno de los mejores discos de cuantos he escuchado en la vida. Lo es, y estoy tan convencido, que no me tomo en serio ninguna lista que pretenda capturar un canon y no lo tenga. Es clara y simplemente, uno de los mejores discos del siglo XX. La cima de todo lo Arty, más post que Lyotard. Todos los grandes metarelatos, derrumbándose uno a uno, a golpe de ¿Funk? Fucking funk. Quien me iba a decir a mí que, cuando me pusiese el Remain in Light, mi mente iba a estallar en tantos pedazos que ya no tendría ningún sentido recoger pedazo alguno, que terminaría dándome igual la compostura y que se iban a abrir tantas puertas, de par en par, a universos tan vastos y ricos que todos los esquemas que habían dado forma a mi universo musical hasta el momento se iban a quedar obsoletos a golpe de beats y guitarrazos devueltos por abismos inesperados.
De normal, me suelo detener en aquellos discos que de alguna manera me ayudaron a canalizar, a entender o experimentar mi propia emocionalidad que, como conté en la entrega anterior, es hipersensible. Este tipo de etiquetas, hoy, dan un poco de rabia porque ahora todo el mundo tiene algo que se supone que le hace especial, que es lo mismo que aceptar que nadie lo sea, pero si lo tienes y lo sufres a diario no es nada deseable. Ni un poquito de dislexia, ni ser hipersensible, ni las altas capacidades, ni tener TOC, ni ser un poco TEA, ni nada relacionado con el TDAH. Son todo tremendas putadas, cuando no directamente enfermedades o trastornos muy serios, en un mundo que no está preparado y en el que siempre vas a ser raro. No es ya no pillar la mayoría de los chistes, es que estas en continua alerta porque nunca sabes cuando te van a venir con algo que no vas a saber contestar, y se van a burlar, en público. Es empezar a enredar y no entender lo que esté pasando y como lo has generado tu. Es experimentar las cosas en un rango de x1000 frente a una realidad ajena y extraña. En mi caso, al menos, es un suplicio agotador. Es más, no sabéis lo doloroso que es escribir un texto de estos y no lo cuento porque esté buscando ninguna complicidad, ni aprobación. Lo hago porque, si no lo digo, es como si no pasase. No os voy a mentir, muchas semanas no soy capaz de sobreponerme y sencillamente dejo pasar la fecha.
Todo, para explicar que lo normal es que cuente historias sobre como he ido aprendiendo a vivir con mis propias circunstancias. Lo hago, en realidad, porque la mayor parte de mi vida ha consistido en intentar encajar en un mundo hostil y complicado para el que nadie me preparó. Muchas veces, me descubro a mí mismo, fantaseando con cuánto me gustaría tener referentes con los que poder conversar y de los que poder seguir aprendiendo. Es más, a lo largo de mi vida, le he dado esta categoría a muchas personas, que inexorablemente me han terminado fallando, como si de un padre se tratase. De hecho, llevando la fábula al extremo, a veces me imagino como un Will Hunting o un Billy Elliott al que aun nadie ha prestado atención. Un diamante en bruto, como se decía de Aladdin. Luego, me doy cuenta de que ya tengo 40 y ya no necesito ser rescatado. Todo está bien y no pasa nada por escribir por el gusto de escribir, hacerlo gratis y disfrutar haciéndolo. tinkernet, no tiene ningún ánimo de lucro, por ahora, pero sí que sirve para darme el gusto de ser leído, que no está nada mal.
Por tanto, justo en el preciso momento en el que me libro de este pensamiento, es cuando ya no me apetece escribir otra entrada retrospectiva en la que indago en aquello que sentí hace tiempo. Es cuando no tengo ganas de ponerme ese traje, al menos esta noche. Porque, sabéis, no todo ha sido siempre tan complicado. Bueno sí, no tiene sentido mentir ahora. Pero a veces, algunas pocas veces, también ha habido buenos momentos. Por eso, hoy he decidido dedicar esta entrada a uno de los discos más impresionantes que he tenido la suerte de escuchar: a la rareza, a la osadía de ser lo que se es, de no pedir perdón y, también, a la persona que me lo recomendó. Porque yo sé que lo sabe, pero le estoy muy agradecido por haberme enseñado tantísima música a lo largo de estos años. Muchos de los cuales van a poblar esta lista, como es el caso de este Remain in Light, que llega a mi vida en un momento de muchos cambios y rápidamente se convertirá en un revulsivo para cambiar mi forma de entender la música y redefinir mi relación con los discos y con todo lo que me gusta. Llegando incluso a transformar mi propia relación, incluso, conmigo mismo.
Talking Heads, antes de publicar este disco, ya atesoraban verdaderas obras maestras como son el Fear of Music (1979) o el More Songs About Buildings and Food (1978). Sin embargo, para entender todo lo que significa Remain in Light, es imprescindible pararse a mirar y entender el contexto en el que se forja, porque hay tanto de marciano en su concepción, que se hace imposible no atender al contexto que explica su propia gestación.
Tras la gira de Fear of Music, en enero del 80, la banda se toma un pequeño descanso para dedicarse, cada uno, a sus proyectos individuales. De esta forma, Byrne y Eno se dedicaron al My Life in the Bush of Ghosts, Harrison se dedicará a la producción para Nona Hendryx, y Frantz, con Weymouth, se dedicaron a la exploración de los ritmos caribeños en el archipielago de Bahamas, llegando incluso a comprar un apartamento sobre Compass Point Studios, donde más tarde terminarían grabando el disco. El proceso surgió de forma orgánica, inspirados por el método de Fela Kuti en el estudio, sacrificando cada uno de los egos que componían la banda y abrazando la filosofía de la cooperación mutua como método de funcionamiento. Así pues, tomando como base el Hip Hop, emergente por aquel entonces, junto toda una miríada de ritmos africanos se formaron una serie de jama instrumentales que, poco a poco, y por acumulación, fueron construyendo el disco desde la nada. Se grabaron grooves rítmicos nominalistas, loops largos y manuales -Byrne se referiría a ellos como samplers humanos-, polirritmias africanas, funk y electrónica, una riqueza de influencias tan grande, como el propio disco. Aunque, siempre priorizando el instinto y la espontaneidad sobre el resultado final. Esto, marcará el disco de una forma clara al recoger y plasmar la intuición misma de cada uno de los miembros, por encima de otros aspectos introducidos a posteriori. Para Eno, por ejemplo, todo el conjunto se podía definir como una celebración del fantástico mundo en el que vivimos. La verdadera magia de todo este proceso surgió precisamente del enfoque discontinuo y estilísticamente colecticio al mezclar ritmos tribales-funk con post-punk, resultando en un sonido global y eufórico. Podría haber salido mal, de hecho, el Naked intentara repetir la formula y fracasará estrepitosamente, pero Remain in Light resultó ser una obra de una riqueza y de un carisma absolutamente inigualable.
Pero ¿A que suena? Pues bien, para quien no lo sepa ya, el sonido general del disco parece una especie de amalgama de cosas, a primera vista, inconexas. Como un lienzo sobre el que vas lanzando tintas a ver qué pasa cuando alejes la mirada y te pongas a buscarle la coherencia. La que sea. Empieza con unas líneas de bajo, que parecen sugerir que nos vamos a encontrar un disco de funk, pero pronto descubrimos que ese no va a ser el rollo. Rápidamente, se suman a la fiesta la omnipresencia de los elementos electrónicos y unas guitarras que se sin darte cuenta se han ido diluyendo en todo el conjunto, dejando el protagonismo a otros elementos a la vez que subvierten el orden típico de la instrumentación del pop y del rock. Sin embargo, que no te den gato por liebre, el Post Punk que los vio nacer, sigue estando ahí y en el momento menos pensado, como ocurre en The Great Curve -mi primer gran crush-, aparece una guitarra eléctrica que emerge desde el averno en el que se encuentra enterrada para dejar claro quiénes son. Pura elegancia, si me preguntan, a golpe de guitarrazos eléctricos. También lo es, sin duda, Once in a Lifetime, un tema excelente desde el desempeño vocal de Byrne, hasta el ritmo que le acompaña y su pegadizo estribillo tan único como reconocible, da igual que sea en el principio de una pelicula de animación que no va de dinosaurios, Once se queda el protagonismo de forma automatica y te invita a levantarte y mover el culo. Con todo, el disco sigue su camino y, de repente, se vuelve a deshacer en una especie de influencias que rozan el reggae en Houses in motion, cambiando completamente de rollo por tercera vez y preparando una nueva mutación que se materializa en una letanía que remite a un rezo colectivo en Listening Wind, justo antes de abordar la última canción. Un tema, Overlord, que dura 7 minutos y que ahonda en esta idea hasta que deja un vacío tan grande que la única reacción posible es volver a darle al play y volver a recorrer sus increíbles paisajes. Remain, no es solo un disco, es una manera de estar en el mundo.
Todo esto, yo no lo sabía antes de ponérmelo, claro. En realidad, no tenía ningún referente previo, más allá de la idea que la nube de tags de RYM me habían ayudado a hacerme. Recuerdo, en aquellos días, preguntarme si cosas como Afro Dance esconderian algo que me pudiese interesar. Y es que, Remain esta lejísimos de todo lo que me gusta, o gustaba, o yo pensaba que me gustaba. O yo qué sé, si ya no sé ni lo que digo. No es solo el omnipresente funk, del que siempre he dicho que me producía urticaria, son los sintetizadores, es la raigambre arty con la que muchas veces no me he llevado bien y la presencia carismática, y a todas luces central, de Byrne y de su voz que inevitablemente lo envuelve todo. De repente, sentado en mi silla, me asaltaba la pregunta ¿Que podría encontrar yo, que siempre he dicho que no me gustan ni las voces, ni el funk, ni los sintetizadores en este disco? Pues bien, algo que jamás me podría haber imaginado. Algo que, a la larga, resultó ser la llave a un mundo que hoy me define y que inevitablemente forma parte de mi: el encontrarme con gente igual de rara, igual de marciana o, sencillamente, tan obsesionada con la música como yo. Gente, en definitiva, a la que le importase más bien nada lo que pensasen lo demás, o al menos lo pareciese. Gente con la que me pudiese identificar, una comunidad de pertenencia, y no solo un disco. Por fin, tuve la sensación de no estar solo y es que, aunque parezca una tontería, ser capaz de valorar la genialidad que construye este álbum, es algo que une. El buen gusto, es mejor cuando es compartido. Hola Pierre.
Es difícil de explicar, ahora, con la perspectiva que me dan los tres años que han pasado, todo lo que cambió en mí, tras exponerme a este disco. Es complicado, sobre todo, porque aquel encuentro, marca el principio de un camino, el de ir perdiendo el miedo a la música, sin el que yo no sería quien soy hoy. Remain representa un punto de inflexión tan importante como aquella vez que, con 7 u 8 años, escuché por primera vez esa canción de Serrat musicalizando a Machado. Aquella Saeta, tan profunda y sentida, debió cambiar algo en mi mente, tan significativo y a la vez tan silencioso, que nunca supe darle rienda suelta. No supe, o no quise, vete tú a saber que paso en medio. El caso es que, casi 20 años después, en la soledad de mi despacho, los Talking Heads vinieron a pegar un meneo a mi cosmovisión de una forma tan violenta que ya nunca me volvería a acercar a ninguna obra de la misma manera. A partir de ese momento, Remain se convertiría en la medida de todas las cosas. Esto no quiere decir que me dedicase a comparar unos con otros, ni mucho menos. Quiere decir que Remain, representaría una de las primeras certezas inamovibles de cuánto me gusta. La prueba objetiva de aquello que considero bueno. A veces, enfrentarse a un disco puede cambiarte de una forma increíble e inesperada. A veces, tras un riff, eléctrico y saturado como el de Great Curve, se esconde una verdad grande como un sol. Grande, como las manchas de pintura que tapan las caras en la portada del disco, espetándonos que todos y todas somo iguales y formamos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos.
Tal y como decía al principio, normalmente escribo historietas que hablan de angustia emocional, historias que pretenden transformar el caos de mis recuerdos en escenas reinventadas con la voluntad ultima de hallar paz a través de la música. No me imagino la vida sin música. Ahora bien, tampoco sin evolución. De aquellos primeros recuerdos de Extremoduro o Nirvana, a este Remain in Light hay todo un abismo, que obtienen su manifestación corporal en los 41 años que tengo. Pero, en realidad, se explica mucho mejor si atendemos al ensanchamiento de mis propias coordenadas y de todo mi universo personal. Nada sería igual si en el año 2022 no hubiese encontrado a esa comunidad que tanto anhelaba y ella, la comunidad, no me hubiese hablado de este disco. Pero, sobre todo, no me hubiese sostenido todo el proceso de escucha, fijación y aprendizaje. Porque, sea como sea, todos y todas tenemos que trazar nuestras líneas en algún punto y, para eso, mejor que los referentes, son los iguales. Remain, será una de las líneas más nítidas de todo mi mundo y hoy es una de mis posesiones más preciadas, pero nunca me olvido de que hubo un tiempo, no tan lejano, en el que hubiese pensado que era una castaña asada. Conviene no olvidar nunca que somos lo que somos, porque no somos lo que no somos. Y yo, puedo ser muchas cosas, pero no soy un negado para la belleza. Gracias por compartir esto conmigo. A todos y a todas. Sea lo que sea esto.

